"Hubo un tiempo en que el pensamiento era divino, luego se hizo hombre, y ahora se ha hecho plebe. Un siglo más de lectores y el Espíritu se pudrirá, apestará"

Friedrich Nietzsche

viernes, 4 de enero de 2013

ÉRASE UNA VEZ LA BUENA EDUCACIÓN

[Empieza un nuevo año y la intención es abordar nuevos temas en las entradas de este blog. Durante el 2012 la cuestión del dinero y la estafa monetaria ha sido bastante dominante, quedan algunos textos de Massimo Fini para terminar el ciclo y serán publicados durante este mes. Para después la intención es publicar un ciclo de escritos de Claudio Risé, psicólogo italiano que se ha ocupado de la figura del padre, de la nefasta campaña para destruirla y de las innumerables y graves patologías de una sociedad sin padre. Completarán este ciclo extractos del J.J. Bachofen sobre el matriarcado, y alguno de Julius Evola, siempre relacionados con el tema. Además de lo que vaya saliendo y, durante este mes y el siguiente, unos pequeños artículos 'costumbristas' de Massimo Fini sobre temas aparentemente insignificantes, pero que revelan por así decir desde abajo la decadencia y la degradación de nuestra sociedad. El primero de estos artículos es el que pongo hoy, sobre la mala educación que hoy es la norma. Como el lector verá es totalmente aplicable también a nuestro país.]


Massimo Fini

Il Fatto Quotidiano, 25 de Febrero de 2012



Desde hace algunos años voy a nadar a un centro deportivo de antigua tradición milanesa. Las instalaciones son excelentes: piscina olímpica, campos de tenis, gimnasio. El abono es más bien costoso, para gente bien. En los primeros tiempos, tres veces seguidas, me han robado el dinero que había dejado en la ropa. Habrá sido ingenuo por mi parte, pero yo no pensaba que en un lugar así hubiese gente que va a hurgar en los bolsillos de los demás. Y en cambio habría debido saberlo. Un coche me lo han robado en el lujoso aparcamiento subterráneo de Canale 5 en Milán. Si no ha sido Berlusconi habrá sido Dell’Utri [Alto cargo en el grupo de Berlusconi y diputado]


Aprendida la lección, ya no llevo dinero en la ropa a la piscina. Pero para compensar me han forzado varias veces el armario guardarropa. Se llevan los modestos objetos que hay: el albornoz, un par de bañadores, las chanclas.


Llaman al telefonillo: “Tengo un paquete para la señora P.” Dice una voz italiana. “Se ha equivocado. En el 16 puede encontrar a la señ...”. No me dejan terminar la frase y cortan sin decir ni “perdone” ni “gracias”. Sucede casi cada día por un caso de semi-homonimia.


A menudo me piden alguna información por la calle. Al principio me sorprendía que se dirigieran a un vejestorio como yo. Después comprendí. Alrededor de mí sólo hay gente pegada al móvil o con el iPad en la barriga como una riñonera. Si es un japonés se inclina tres veces. Si es un “chicano” me sonríe. A veces charlamos un poco. Un italiano se da la vuelta y se larga...sin decir ni “mu”.


Hace algún tiempo, habendo salido del funeral de Giorgio Bocca, estaba buscando una parada de taxis. Veo en la acera una policía de tráfico, baja, robusta. “Perdone, ¿sabe usted dónde hay una parada de taxis?”. “No”. “¿Y sabe dónde está Piazza Baracca?”. ¡Y yó qué sé!. En otros tiempos, en Milán “el ghisa” [guardia de tráfico] era un personaje mítico. Desarmado, estaba entre el policía de barrio y el “bobby” londinense. Alto, de aspecto cuidado, milanés, nos dirigíamos a él para cualquier problema. “Mira, ahí está el ghisa”, “Pregúntaselo al ghisa”, “Llamemos al ghisa”. Ahora están éstos que no conocen ni siquiera la topografía de la ciudad.


Me llama por teléfono el director de un importante periódico. Quiere verme. “De acuerdo”. “Llámame el lunes por la mañana”. El lunes, diligente, le llamo. “Estoy reunido, te llamo en cinco minutos”. Nunca más he sabido nada de él.


La directora de una revista “online” quiere una entrevista. Llega a mi casa con gran aparato y pompa, con una operadora, una directora, una redactora. La cosa se prolonga. Llaman a la puerta. “Ya que estaba aquí” dice la tipa “he hecho venir a otra persona que tengo que entrevistar”. En verdad yo tendría que trabajar, pero la dejo hacer (“Par delicatesse j’ai perdu ma vie” escribe Rimbaud). Cuando termina le ruego que me comunique dónde y cuándo saldrá la entrevista. “Claro”. Desaparecida.


Viene a mi casa Oleg, un albañil moldavo que hace un poco de todo. Viene dos tardes seguidas porque la primera, para un trabajo, le faltaban ciertos tornillos. Le pregunto: ¿Cuánto le debo?” “Nada”. ¿Cómo que nada?. “Eran cosas mínimas. Soy un albañil, llámeme si me necesita”. Para los mismos trabajillos llamo a veces a mi electricista. Sólo por venir 30 euros y siempre consigue dejar algo sin terminar para poder volver.


Ahora también en Italia los empleados de las ventanillas públicas tienen, como en Suiza, la placa identificadora con nombre y apellidos. Pero en Suiza a la tercera queja los echan a patadas en el c... Aquí continúan siendo indolentes y desgarbados, total ¿quién les va a castigar?


Yo pienso que la primera reforma que hay que hacer en Italia es la de la buena educación. Es este reguero de desaires, de pillerías, de rastreros latrocinios lo que nos envenena la vida y al final nos exaspera. Uno de estos días me cargo a alguien.

sábado, 15 de diciembre de 2012

EL ÚLTIMO HOMBRE


[Esta semana hago una excepción y voy a poner un extracto de Nietzsche, que ciertamente ni necesita presentación, ni he traducido yo, ni es desconocido en nuestro país. Se trata del conocido (para los lectores del filósofo) fragmento que habla del “ultimo hombre” que como el lector verá es en todo el hombre de la moderna sociedad del bienestar. Hay muchos fragmentos de Nietzsche que merecen atención y este blog está para otra cosa, pero es impresionante el valor profético de este texto, todo lo que Nietzsche supo ver tan claramente hace cien años. En estas pocas líneas está todo: la homologación y la igualdad universal, la mediocridad de los sentimientos y los ideales, la obtusidad de una humanidad reducida a un rebaño, que en el culto de la “felicidad” desprecia y renuncia a todo lo noble y elevado, la incapacidad de comprender el propio pasado que se convierte en objeto de escarnio. Seguramente muchos lectores conocen ya este fragmento pero he querido que no faltase en este blog.]

Fragmento extraído de “Así habló Zaratustra”, Discurso preliminar


Friedrich Nietzsche


EL ULTIMO HOMBRE


Les hablaré de lo más despreciable: y eso es el último hombre»


Y Zaratustra habló así al pueblo:


Ha llegado el momento de que el hombre fije su meta. Es tiempo de que el hombre siembre la semilla de su más alta esperanza.


Aún es su tierra lo bastante fértil para ello. Mas algún día esa tierra será pobre y mansa, y ningún árbol de elevada copa podrá crecer en ella.


¡Ay! ¡Se acerca el tiempo en que el hombre ya no arrojará la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en la cuerda de su arco se olvidará de vibrar!


Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar concebir una estrella danzarina. Yo os digo: aun tenéis caos en vosotros.


¡Ay! Se acerca el tiempo en que el hombre ya no podrá concebir ninguna estrella. ¡Ay! Se acerca el tiempo del hombre más despreciable, el que ya no puede despreciarse a sí mismo.


¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.


“¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea.


La tierra se ha empequeñecido, y sobre ella brinca el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es inextinguible, como la de la pulga; el último hombre es el que más tiempo vive.


“Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.


Han abandonado las regiones donde era duro vivir: pues el hombre necesita calor. Ama aún al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor.


Enfermar y desconfiar lo consideran pecaminoso: se camina con cuidado. ¡Un necio es quien sigue tropezando con piedras o con hombres!


Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener una muerte agradable.


Aun se sigue trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Pero se cuida de que el entretenimiento no canse.


Ya no habrá ni ricos no pobres: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién querrá aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.


¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien piensa de otra manera  se recluye voluntariamente en el manicomio.


“¡Antes todo el mundo estaba enajenado!” -dicen los más sutiles, y parpadean.-


La gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así sus burlas no conocen límites. Aún hay discordias, pero pronto se reconcilian. De otro modo se estropea el estómago.


La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero se venera la salud.

“Nosotros hemos inventado la felicidad” -dicen los últimos hombres, y parpadean.-

viernes, 7 de diciembre de 2012

DINERO (5): El dinero como estilo de vida


[Seguimos con los textos de Massimo Fini y éste habla de cómo el dinero nos condiciona por dentro en nuestra manera de vivir. Complementa, como todo este ciclo de Fini, la serie "El Reino del Dinero" y especialmente la quinta parte El Reino del Dinero (V): El estiércol del demonio que concluye la serie]


Massimo Fini
Del libro "IL denaro, sterco del demonio", Marsilio, 1998 



Cuando el dinero se separa definitivamente de la materia, llegando a ser una simple abstracción, alcanza su máximo poder, que no ha tenido en ningún período histórico anterior. […] El dinero no ha estado nunca tan presente en nuestra existencia como hoy en día que físicamente está ausente. No sólo ha subordinado a sí la economía y la política sino que, sin que nos demos bien cuenta, impregna nuestra mentalidad, modela nuestras conciencias, determina nuestros estilos de vida.

El dinero ha acelerado hasta el paroxismo todos los ritmos de la existencia. Mientras el centro de la sociedad y de la economía fue la tierra, el dinero no existía o jugaba un papel marginal, la vida seguía los tiempos lentos, largos, cíclicos, de la naturaleza. Es suficiente comparar la capacidad de circulación de la propiedad de la tierra con la del dinero para comprender la abismal diferencia de ritmo. El dinero, sobre todo desde que se ha independizado de la moneda-mercancía, ha tenido siempre mucha movilidad, pero sus sucesivos refinamientos, entre los que es fundamental el papel moneda, lo han acelerado cada vez más y ahora que se ha desmaterializado del todo su velocidad es superior a la de la luz porque se desplaza sin moverse […] El dinero financiero lo ha acelerado ulteriormente. No siendo en efecto dinero que compra mercancías, que necesitan algún tiempo para desplazarse, sino que compra otro dinero, la velocidad afecta a los dos lados del intercambio: a la del medio que compra se añade la de lo comprado. En fin, la aceleración progresiva está en el mismo mecanismo del dinero que para mantenerse y funcionar debe permanecer siempre en movimiento, y cada vez más rápidamente, de manera que la ilusión que en realidad es, pasando frenéticamente de mano en mano, rebotando por las cuatro esquinas del planeta, no se revele como tal.

[…] Evidentes y exasperados son el estrés, la fibrilación, las presiones que dan el ritmo a la existencia de todos aquellos que viven al interno de la actual economía monetaria. Ello explica también la aparente paradoja, experiencia común y cotidiana, por la cual el hombre moderno, que justamente para ahorrar tiempo dispone de medios velocísimos para desplazarse y comunicar (automóviles, aviones, teléfonos, móviles, fax, ordenadores) nunca tiene tiempo, vive en un ansia perpetua, con los ojos siempre fijos en el reloj. Es el ritmo a que nos obliga la lógica del dinero lo que se lleva nuestro tiempo.

[…] El dinero en su esencia más profunda es futuro. Estamos demasiado ocupados en hacer proyecciones, proyectar, planificar para gozar el “aquí y ahora”. No tenemos tiempo para vivir el presente porque nos lo roba el futuro.

El hombre de la sociedad premonetaria, el campesino, el artesano, ignora el futuro y vive en el presente, un tiempo no sincopado, extendido, amplio, fluido, armónico, que es el tiempo de la natura –tan distinto del tiempo abstracto, intelectualizado y nurótico del dinero- tiene de él una concepción vaga y no ansiosa que hoy diríamos “árabe” y lo derrocha con la misma tranquilidad con la que lo nobles dilapidaban sus riquezas.

El dinero es número. Introduce la necesidad de continuas operaciones matemáticas en la vida cotidiana. La vida se ha convertido en un continuo hacer cuentas, sopesar, calcular, medir los costes y los ingresos de nuestras acciones y las de los demás. Todo se traduce y valora en términos de dinero. Todo es business. No escapan a ello las actividades más espirituales y los sentimientos más sagrados, que a menudo son arruinados. La fiesta de los muertos ya no es simplemente el día en que nos reunimos para conmemorar a los difuntos sino “un business de 100.000 milllones [de liras]”. La fiesta americana de Halloween ya no es una mágica noche de duendes y brujas sino “un business de mil millones de dólares”. Y lo mismo con la Navidad, la Pascua, el día de la madre, del padre, de San Valentín, de la mujer.

[…]

La obesidad es una enfermedad que hay que prevenir no porque sea causa de graves sufrimientos sino porque curarla  “es un coste económico”. Y más en general, todas las enfermedades se miden no en dramas sino en dinero. Ni siquiera los fenómenos naturales son ya simplemente fenómenos naturales o, por lo menos, han cambiado de aspecto. Si en Italia unos días de lluvia mitigan el inicio de un verano que se anuncia tórrido no nos podemos sentir aliviados porque los alemanes pueden cancelar sus reservas; televisiones y periódicos se apresuran a cuantificar, precisar, monetizar el riesgo. Si nieva a destiempo no es un daño para la agricultura y una molestia para los humanos sino un negocio para las estaciones de esquí.

Ni siquiera la vejez es ya la vejez sino el “riesgo vejez”, en el sentido de que si uno no se da prisa en palmarla existe el peligro de que en edad avanzada le falte el elemento sin el cual hoy nadie puede vivir: el dinero. En épocas preindustriales, en economías menos monetarias, quizás se moría algunos años antes pero a nadie se le ocurría hablar de un “riesgo vejez” (al mismo nivel que el “riesgo de robo” o el “riesgo de incendio”) porque los ancianos no eran abandonados a al fría lógica del dinero sino a la cura de la familia, de las mujeres, de los niños, de los miembros adultos, los parientes, lo siervos. Además el desolado abandono en que viven nuestros viejos y la escasísima consideración de que gozan, a diferencia de la civilización que nos ha precedido, dependen de una compleja serie de factores, de los cuales dos tienen origen directamente en el dinero.

Ha sido el dinero lo que ha desintegrado la familia patriarcal. Escribe Simmel: “La forma-dinero plasma la familia de manera diametralmente opuesta a la estructura que la propiedad colectiva, en particular de la tierra, le confería. Esta última creaba una solidaridad de intereses que se presentaba sociológicamente como continuidad de lazos entre los miembros de la familia, mientras la economía monetaria hace posible una distancia recíproca, es más la impone”. Además los viejos son ciudadanos de segunda clase porque son débiles consumidores. Para ser aceptados deben agitarse impúdicamente, satisfacer necesidades que no necesitan, no tienen ni siquiera la libertad de abandonarse a su edad, deben fingir que son jóvenes y económicamente activos, útiles en el único sentido que hoy en día es reconocido socialmente.

domingo, 2 de diciembre de 2012

DINERO (4): El consumismo y el espejismo de la riqueza


Massimo Fini
Del libro "IL denaro, sterco del demonio", Marsilio, 1998


El industrialismo, a diferencia del comercio, no se limita a transferir bienes, los crea. Y una vez creados tiene necesidad de colocarlos. Se descubre la Ley de Say: “La oferta crea la demanda”. Se descubre la naturaleza ilimitada de las necesidades o, más bien, la facilidad con que los seres humanos se dejan influenciar. Se descubre esto es que las necesidades pueden ser heterodirigidas, suscitadas artificialmente y desde el exterior. Nace el consumidor y con él la producción de masa de lo fútil y también de lo inútil. El primero en darse cuenta de esta forzadura fue quizás Sismondi que, en 1819, cuando la Revolución Industrial llevaba algo más de medio siglo, escribe: “Puesto que la division del trabajo y el perfeccionamiento permiten realizar cada vez más trabajo, todos, dándose cuenta de que ya han satisfecho las necesidades del consumo, se las ingenian para suscitar nuevos gustos y estimular nuevos caprichos para poderlos satisfacer”.

Un siglo después Werner Sombart dirá: “Esta lucha convulsa para ensanchar la esfera de las ventas y aumentar la cantidad de mercancía vendida (que parece ser la más potente fuerza motriz del capitalismo moderno) trae consigo toda una serie de principios que tienen como único objeto inducir el público a comprar. El primero es la búsqueda del cliente o, se podría decir también la agresión hacia el cliente…El medio es la publicidad. Es inútil decir que la persecución de este objetivo por fuerza tiene que destruir cualquier sentimiento de decoro, de gusto, de conveniencia y de dignidad. Que la publicidad moderna sea, en sus extremas consecuencias, estéticamente repugnante y moralmente desvergonzada es algo tan claro que no hay necesidad de palabras para demostrarlo”.

Con la Revolución Industrial el mercado es invadido por una inmensa y variada cantidad de bienes. Llegados a este punto la necesidad del individuo de conseguir dinero se hace total. Si antes le era necesario sólo para la subsistencia o para aquella parte de la subsistencia que no conseguía procurarse directamente, ahora para todo se necesita el dinero.

Pero si con la industrialización el dinero es necesario al final del ciclo productivo lo es aún más al inicio. Las complejas maquinarias de la industria requieren en efecto previsiones e inversiones a largo y larguísimo plazo que son técnicamente posibles  solamente con capital monetario. Además, como nota Simmel con su habitual sutileza, el dinero es indispensable para la técnica porque es el vehículo que une todas las técnicas ”sin el cual las técnicas particulares de nuestra civilización no podrían subsistir, el dinero las liga entre sí como el medio de medios, como la técnica más general”.

Pero el dinero juega también otro papel, no ya técnico sino psicológico, en el despegue industrial. Las inversiones a largo plazo presuponen una gran confianza en el futuro, el dinero es el puente entre presente y futuro, es confianza en el futuro, es lo que permite a este futuro imaginario e imaginado actuar retroactivamente sobre el presente, es él mismo futuro. En el fondo la “fiebre del oro” que hubo en Estados Unidos a mitad del siglo XIX y que vio decenas de millares de americanos, europeos, chinos precipitarse hacia California puede ser vista como una carrera hacia el futuro, como repentina confianza en el futuro para vidas que se estancaban en un inerte presente. Que luego este futuro, si dejamos de lado los pocos que se enriquecieron (como siempre los primeros, los que habían iniciado la cadena), cuando se materializó como presente haya dejado sobre el terreno miles de muertos y gente tan miserable como antes, es parte de la eterna historia del dinero que enciende efímeras llamas de confianza y regularmente las traiciona, excepto para poquísimos.  Pero la fortuna de esos pocos basta para que, pasado algún tiempo, el incendio vuelva a declararse, el futuro haga de Hada Morgana y que comience de nuevo la incansable e interminable “fiebre del oro”.

Es lo que se ha verificado también recientemente. No obstante los batacazos del Gran Crack de la Bolsa de Nueva York en el 19 de octubre de 1987 y la bancarrota mejicana del 1995-96 que llevó el sistema económico al borde del colapso mundial, los operadores, los inversores, los ahorradores y en definitiva todos aquellos que trafican con el dinero se habían convencido de que habíamos entrado en una Nueva Era, en un New Paradigm “en el cual la globalización y las nuevas tecnologías habrían garantizado un crecimiento continuo de los beneficios de las empresas y con ello nuevos triunfos en la Bolsa”. Las euforias de la New Era naufragaron después miserablemente, en menos de dos años, con el colapso de los “pequeños tigres” en 1997-1998.

[NOTA: La primera edición de esta obra de Fini es del 1998. Desde entonces hemos tenido otros dos grandes colapsos financieros o burbujas que han reventado: el de la ‘New Economy’ llamado también ‘dot-com bubble’ en el año 2000, y el que comenzó en 2007 con las famosas hipotecas ‘subprime’]

Advierte Gianni Agnelli que es uno del oficio: “Las generaciones pierden rápidamente la memoria financiera, de vez en cuando necesitan una ducha fría para curarse de la euforia”. Pero el mito de la multiplicación del dinero, del crecimiento infinito, no muere nunca y cuando pasa un poco de tiempo todos están dispuestos a empezar de nuevo.

viernes, 23 de noviembre de 2012

DINERO (3): El tiempo del dinero



[Massimo Fini aborda la relación entre el dinero y el futuro, muestra cómo el poder del dinero está ligado a una cierta concepción del tiempo que en la Edad Moderna se ha vuelto dominante.]

Massimo Fini
Del libro "IL denaro, sterco del demonio", Marsilio, 1998

Entre los siglos XVII y XVIII se verifica en Europa una inversión de alcance copernicano: se pasa de una época en que la economía esta aún subordinada a las exigencias de la comunidad humana a otra en que las leyes económicas imperan en total libertad y es el hombre quien debe doblegarse ante ellas. Este extraordinario resultado sera racionalizado y legitimado después, hacia el final del siglo XVIII, por los teóricos de una nueva ciencia, la economía política, quienes consideran las leyes económicas ni más ni menos que como leyes naturales, ineludibles, a las cuales es inútil intentar oponerse, que al contrario es necesario obedecer para evitar peores males que los que se querían eludir.

Esta inversión es a su vez el fruto de una serie de revoluciones, estrechamente relacionadas entre ellas, destinadas a cambiar la condición humana, primero en Europa y occidente, luego, a medida que nos acercamos a nuestros días, sobre el entero planeta. Son las revoluciones coentífica, agraria, industrial, tecnológica, demográfica, comercial, crediticia, política, religiosa. El dinero interacciona de manera profunda con todos estos procesos. A veces es el dinero, o al menos su espíritu y su lógica, lo que los prepara, los favorece, los secunda o incluso los determina, otras veces es uno de los efectos, en cualquier caso evoluciona, se expande y se potencia con a ellos.

Cuando después surgirá de este torbellino de transformaciones la primacía de la economía sobre las demás relaciones sociales, que se engloban en ella, ello significará también -y quizá sobre todo- la preeminencia simbólica y práctica del dinero que mientras tanto se ha convertido en el instrumento príncipe de la economía. Tanto que Pierre Vilar puede escribir que el paso del feudalismo al capitalismo es el paso de una economía donde el dinero es secundario a una economía monetaria.

En realidad la primera gran revolución no está clasificada como tal. En vano la buscaríais en los manuales y los libros de historia y economía que se ocupan de este agitado período. Y sin embargo está en el origen de todas las demás. Se trata de la revolución del tiempo. Hasta el siglo XVI, mas o menos, la inmensa mayoría d elos hombres había vivido en el presente. Las civilizaciones clásicas, sea la griega que la romana, las antiguas civilizaciones mediorientales y orientales, pero también la medieval y feudal, eran sustancialmente ahistóricas. El tiempo era el cíclico de la naturaleza, de la tierra, de las estaciones, que siempre se repite, inmutable, en una especia de Nietzschiano eterno retorno. Si en algunas civilizaciones, bajo el empuje de la predicación hebrea y después cristiana, se pensaba en el futuro, era un futuro metafísico, religioso, colocado más allá y fuera del tiempo histórico y por tanto de los asuntos humanos.

Alrededor del siglo XVII la percepción del tiempo comienza a cambiar. Primero junto a él y luego en un crescendo, sustituyéndose al tranquilo presente, hace su irrupción el dinámico futuro que ya no se entiende no como un más allá metafísico y religioso sino como un más acá concreto, al alcance del hombre, en consideración y en función del cual se debe vivir.

Había sido, como hemos visto, el mercante, con su necesidad de calcular, de previsión, de especulación, de programa, quien introdujo, a caballo entre el Medioevo y el inicio de la edad moderna, el concepto de tiempo conjugado al futuro. Ahora esta manera de entender el tiempo, antes propia de una exigua minoría de operadores económicos, comienza a extenderse a otras categorías sociales. No es casualidad que el principio del péndulo, sobre el que se basa el reloj moderno, haya sido descubierto por Galileo en 1583 y después utilizado, con algunas adaptaciones, por Huygens que en 1657 creó el primer reloj que aplicaba este principio. En el mismo siglo se difunde el reloj de bolsillo. Antes de entonces el uso privado del reloj era desconocido. Estaban solamente los grandes relojes públicos que marcaban las horas en las torres de las catedrales, como los de San Marcos y Westminster, famosísimos.

El descubrimiento del futuro fue una revelación que terminó por desterrar de la mente de los hombres el presente. Y esta nueva dimensión del tiempo lanzó a lo grande el dinero –siempre que no haya sucedido al contrario- pues en su esencia es precisamente futuro. Sin el dinero cualquier cálculo, previsión, proyecto, reserva de tipo económico que vaya más allá del ciclo estacional, es imposible o extremadamente difícil; el dinero traspone el presente en el futuro y provoca una acción retroactiva del futuro sobre el presente.

Otro factor que ha impulsado, por lo menos a nivel conceptual, el dinero y la comprensión de su función y potencialidades, fue la revolución científica que trajo lo que Dijksterhuis ha llamado “la mecanización de la concepción del Universo”. Primero entre las élites filosóficas y científicas, luego bajando por las ramas tambien en consistentes estratos de la población, se empieza a valorar lo existente en términos mecánicos, matemáticos, contables, cunatitativos. Y el dinero, como sabemos, es número y tiene como única cualidad la cantidad. La concepción mecanicista y cuantitativa del Universo es por tanto un humus que lo favorece notablemente. Escribe Werner Sombart: “Solamente la economía monetaria es capaz de crear en el hombre el hábito de la contenplación puramente cuantitativa del mundo”.

viernes, 9 de noviembre de 2012

DINERO (2): Qué es el dinero



[Continuamos la serie dedicada al análisis de la naturaleza del dinero y su papel en la historia humana a traves de los escritos de massimo Fini.]

Massimo Fini 
Del libro "Il denaro, sterco del demonio", Marsilio 1998

Tradicionalmente las funciones del dinero son cuatro: 1) Medida del valor; 2) Intermediario en el intercambio; 3) Medio de pago; 4) Depósito de riqueza.

No hay nada que objetar sobre las primeras tres. Pero quitémonos de la cabeza que el dinero sea riqueza o la represente.

Pedro de Valencia escribió en 1608: “EL mal ha venido por la abundancia de oro, plata y moneda, que ha sido siempre el veneno destructir de las ciudades y las repúblicas. Se piensa que el dinero es lo que asegura la subsistencia y no es así. Las tierras trabajadas de una generación a otra, los rebaños, la pesca, he aquí lo que garantiza la subsistencia de ciudades y repúblicas. Cada uno debería cultivar su porción de tierra y quienes viven de la renta y del dinero son gente inútil y ociosa que come de lo que otros siembran.” […]

En 1929 los americanos que habían invertido en la Bolsa de Nueva York se consideraban riquísimos pero fue suficiente que alguien no creyera ya en el valor de aquellas acciones (que como veremos son dinero a todos los efectos) arrastrando a los demás en una avalancha, para que aquella riqueza se revelase por lo que era: papeles para tirar a la basura. El único uso razonable fue enmarcarla como recuerdo de la locura colectiva. El valor de una vaca, en cambio, no puede ser reducido a cero, obtendré de ella siempre leche o, en caso de necesidad, la convertiré en filetes. […]

En nuestros días [1998] los primeros 385 millonarios del mundo poseen un patrimonio igual a la renta total de países que representan el 45% de la población mundial, y Berlusconi con sus cinco mil millones de dólares según la estimación de Forbes, tiene un patrimonio igual a la renta de todos los habitantes de Níger. Pero si fuese transferido a Níger no sólo el patrimonio de Berlusconi sino el de los otros 384 millonarios ese país, si lo hipotizamos como una mónada cerreda, aislado, no sería por ello mas rico. Se desencadenaría simplemente una formidable inflación. […]

Se comprende quizá mejor el sentido de los ejemplos heterogéneos y un poco descuidados que hemos juntado  si en vez de una suma determinada consideramos el dinero en conjunto. Yo puedo estar ciertamente dispuesto a intercambiar mi vaca con dinero pero no cambiaría nunca todos los bienes del mundo con todo el dinero del mundo. Porque no sabría qué hacer con él. […] Si cojo un individuo aislado y lo privo de todo su dinero, en una sociedad estructurada como la nuestra a economía monetaria muere de hambre, pero si tomo todo el dinero del mundo y lo tiro por la taza del water la humanidad vive igualmente. El dineor no aumenta en nada la riqueza del mundo, porque puede adquirir sólo lo que ya existe, puede transferir el título de propiedad de las cosas. Puede desplazar la riqueza pero no es él mismo riqueza [...] no hace mas que movilizar energías que existen ya ( y sólo si ya existen) y que podrían activarse perfectamente sin él. Como mucho un buen lubrificante.

El hecho de que el dinero tenga esta particular e indudable capacidad de “hacer trabajar” no nos dice por tanto que sea por sí mismo un ariqueza, en el sentido material y común en que generalmente lo entendemos, sino otra cosa: que los hombres, al  menos en su mayoría, creen en el dinero […]

Es necesario distinguir el dinero de la moneda que es su soporte material. El dinero lleva mejor a cabo su función de intermediario en el comercio cuanto menor es el valor del material que sirve como soporte […] alcanza su perfección y su pureza cuanto más se desmaterializa. Porque el dinero en cuanto tal no existe en la naturaleza: es una abstracción. En efecto, de cualquier forma en que se presente (mercancía usada como moneda, oro, monedas metálicas, papel moneda, billetes, acciones, obligaciones, registros en una cuenta corriente, impulsos electrónicos, nota del barista que apunta que le debo un café) el dinero es una promesa […] en cuanto promesa y crédito basado en la confianza el dinero se liga al tiempo, a ese tiempo particular que es el futuro. La confianza en el dinero es confianza en el futuro. El dinero es, a través de la confianza, el puente entre presente y futuro. Y aquí está el núcleo duro de la entera cuestión del dinero. Es este enganche con el futuro lo que da al dinero su fuerza, su devastante capacidad de atracción y de acción. Porque el hombre, sobre todo el hombre moderno, es un ser que hace proyectos, se proyecta a sí mismo en el futuro, cultiva ilusiones.

En virtud de esta relacion con el futuro, de su ser futuro, el dinero deriva su inaferrabilidad, su falta de definición, el carácter escurridizo, la naturaleza metafísica. Porque el futuro es sólo una representación de la mente: es un tiempo inexistente […] y el futuro cuanto más se desplaza para adelante es más inexistente. De aquí la necesidad de deshacerse del dinero lo antes posible. Hay que gastarlo, si no enseguida, antes de que los demás se den cuenta de que no existe […] a la larga, las deudas no se pagan. Si no fuera así cualquier suma modesta, depositada en el banco, en algunos decenios se haría enorme con los intereses compuestos. Muy al contrario, en pocas decenas de años e incñuso mucho antes, esa suma desaparece […] el dinero sufre los insultos del tiempo, se deteriora. Y es otra de sus paradojas. Porque una abstracción es, por definicion, indestructible. El dinero en cambio pierde valor más o menos lentamente a causa de la inflación, que es un fenómeno constante que lo acompaña desde su nacimiento. Pero puesto que el dinero no existe, es un credo, una fe, una ilusión, puede también desaparecer de golpe o en poquísimos días.

Es un hecho que, a la larga, las deudas no se pagan, la promesa no se mantiene. El dinero es por tanto una patata caliente en las manos y hay que liberarse de él antes de que empiece a quemar los dedos. Como la famosa cerilla encendida. La habilidad consiste, como en el juego, en tener la cerilla en la mano hasta el último momento. Por esto los empresarios, los financieros, que son los que mejor han entendido la naturaleza del dinero, lo hacen girar vertiginosamente, cambiando continuamente el uso que hacen de él y manteniendo sólo el mínimo de liquidez que les es indispensable, preparados para deshacerse también de ello. El gran juego del dinero está todo aquí: hacer recaer, en el momento oportuno, su inexistencia sobre los que han sido demasiado crédulos.

Naturalmente se trata de un juego de alto nivel, porque la gran mayoría de las personas está obligada a soportar el dinero y nada más […]

Ha llegado a lo sublime el empresario de nuestro tiempo, que no utiliza ya ni siquiera dinero propio sino el ahorrado por la masa de los ciudadanos. Con lo que el riesgo de la volatilidad del dinero se pasa a otros a priori. El ahorro sirve a quien gasta, no a quien ahorra. Los más grandes deudores son los empresarios. Porque saben que el dinero no existe. Es una idea en la cabeza.

[…]

Como hemos indicado el dineor e simperosnal, indeterminado, privado de forma, de carácter, de particularidad y justamente esta indiferencia lo vuelve intercambiable con cualquier otro objeto […] en resumen es un ser sin cualidades. Excepto una. Su cualidad es la cantidad. Es un saco vacío pero la dimensión del saco es decisiva […] A decir verdad el dinero tiene otra cualidad además de la cantidad. Y desciende de su indeterminación, impersonalidad, falta de carácter y de individualidad, esto es justamente de su falta de cualidades: es la ductilidad. El dinero se presta a cualquier finalidad. Porque es un puro medio que no tiene en sí un fin puede ser usado para cualquier fin […] El dinero abre un proceso al infinito. Si yo pago una deuda con un bien en natura la cosa termina ahí. Si pago con dinero se cierra un credito pero se abre inmediatamente otro.

[…]

El proceso ad infinitum del dinero tiene la necesidad, exactamente como un esquema piramidal, de parecer abierto en todas las direcciones y de llegar al mayor númeor posible de personas, posiblemente lejanas entre sí, de manera que su esencial circularidad, su carácter ilusorio, su íntima inconsistencia, su demencia automultiplicativa, no sean perceptibles. Naturalmente este movimiento, el pasar de una mano a otra de la ilusión, no puede resistir al infinito; antes o después por mucho que se demore, el dinero termina por recaer sobre sí mismo, para revelar que está garantizado sólo por sí mismo, es decir por la nada.

[…]

El mecanismo que ha creado la actividad financiera es el mismo, absolutamente el misno, que ha creado el dinero. La finanza simplemente lo lleva a sus lógicas y extremas consecuencias. Si el dinero es una promesa, una apuesta sobre el futuro, un acto de fe, una ilusión, no hay ninguna razón por la que no se deba prometer una promesa, apostar sobre una apuesta, comprar con la confianza más confianza, caer en una ilusión sobre otra ilusión, en resumen multiplicar el espejismo todo lo posible y hasta que sea posible. Si algo no existe, si es sólo un aproyección de nuestra mente, no es que exista más o menos si lo multiplicamos. El resultado es siempre cero […] Lo decisivo es que los hombres crean en ello, en esta promesa, en este crédito, en este signo, en este símbolo, en esta ilusión, en esta nada.

Es inútil por tanto poner en discusión el interés o la actividad financiera si no se pone en discusión el dinero. En el principio básico del dinero, desde que hizo su primera aparición sobre la Tierra, está contenido el germen, irremediablemente, de todo lo que vino después. Todo empezó allí. Es una marcha comenzada hace miles de años, lenta al principio, combatida y frenada, que ha conocido paradas, retrocesos, períodos de sueño. Durante muchos siglos, durante el Medioevo, el dinero desapareció. Pero, como la Bomba Atómica, una vez creado ya no podía ser desinventado. Reapareció, como una profecía, hacie el año mil. Desde entonces su marcha se ha vuelto una expedición triunfal y como un inmenso río, que avanzando crece más y más, ha terminado por arrollar todo, hombres y cosas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

DINERO (1): EL Estiércol del demonio



[Comienzo con esta entrada un pequeño ciclo de Massimo Fini dedicado al dinero, con extractos de su obra "El Dinero, el Estiércol del demonio". El primer texto es un resumen del primer capítulo y los demás darán una idea de su línea de razinamiento y su punto de vista, que podemos anticipar no considera el dominio del dinero como expresión de un gobierno mundial, escondido o menos, sino como el resultado de un mecanismo creado por el hombre y que ha escapado a su control.]


Massimo Fini 
Del libro "Il denaro, sterco del demonio", Marsilio 1998

En los años cincuenta o en los primeros años sesenta, para los muchachos que éramos el dinero tenía poquísima importancia. Ya fuéramos hijos de burgueses o de proletarios llevábamos todos, más o menos, la misma vida, nos vestíamos de la misma manera, haciamos las mismas cosas. En los ambientes limitados en que vivíamos, el colegio, las calles del barrio y, en verano, los baños, era muy difícil apreciar las diferencias porque, aunque las había, no se veían.

A veces, raramente, había algún “hijo de papá” que exhibía algo de lujo pero en vez de ser admirado y adulado era despreciado como individuo tendencialmente poco viril. Un petimetre. Lo que contaba entre nosotros era quién jugaba mejor al fútbol, tenía puntería con la cerbatana o, unos años después, salía con las chicas más guapas.

También entre los adultos ostentar la riqueza era considerado reprobable […] En cualquier caso aún estaba ampliamente difundida la ética de la “pobreza con dignidad”: el pobre no estaba considerado un desecho, un paria, un despojo de la sociedad. No se dudaba de que se podía ser pobres y felices. Existían otros valores que no estaban ligados a la fuerza del dinero.

En el transcurso de los años, en pocos decenios, he visto esta cultura completamente barrida y el dinero convertirse en el único valor realmente compartido. La cosa obviamente no es específica de la sociedad italiana (nosotros incluso hemos tomado este camino más tarde que los demás) sino que afecta a todos los países industrializados y también ya, en la globalización y la interdependencia de las economías, a los no industrializados. Hoy en día todo, o casi, es dinero, todo depende del dinero, todo va a parar al dinero. El dinero, con su extraordinaria fluidez, se introduce en cada recodo de nuestra existencia. Y cuanto más se desmaterializa y se hace casi invisible más esta presente, determina los estilos de vida, se convierte en el fin primario. No es posible ignorarlo.

[…]

Una cosa es cierta: con el dinero ha sucedido como con todo lo demás. De ser una útil herramienta ha pasado a ser un fin, el siervo se ha convertido en el amo, creemos que lo manejamos y en cambio nos manipula, creemos usarlo y él es el que nos usa, creemos moverlo y en cambio nos hace movernos a nosotros, es más nos hace trotar, creemos poseerlo y él es el que nos posee. Además, considerado globalmente, el dinero ha alcanzado un volumen tan estratosférico y lo hemos cargado de tantas expectativas que, antes o después, inflado hasta dimensiones oníricas, implosionará con consecuencias devastantes.

Es la historia de la relación entre el hombre y la Tecnologia (o si se prefiere entre hombre y Cultura) donde terminamos infaliblemente siendo subyugados por los mecanismos que hemos creado, arañas prisioneras de su propia tela.

Y el dinero es quizas el más refinado instrumento de la técnica porque es puramente conceptual […] el dinero, que hay que distinguir de la moneda en la cual se encarna, como el Espíritu en la hostia consagrada, aunque juntos formen un único cuerpo mistico, es un concepto, una idea, una logica, una abstracción, que sin embargo, como cada uno de nosotros experimenta en la práctica cotidianamente, es inequivocamente algo muy concreto. Alfred Sohn Rethel con un eficaz oxímoro, lo ha definido “una abstracción real”.

Y es esta doble naturaleza lo que hace que el dinero sea ambivalente, ambiguo, escurridizo, enigmático, indefinible, inaferrable […] Esencialmente humano (quizá demasiaod humano, diría Nietzsche) el dinero es también suprahumano o ultrahumano porque, estando fuera de la materia, tiene una realidad metafísica. No es casualidad que en todos los libros que se ocupan del dinero en un sentido no estrictamente económico sean frecuentes los paralelismos con lo divino o lo diabólico. Dice Martín Lutero: “El dinero es la palabra del diablo, por medio de la cual crea todo en el mundo, exactamente como Dios crea a través de la palabra de la Verdad”. A los teólogos, cristianos y musulmanes, sobre todo medievales, les ha siempre impresionado la capacidad de posesión del dinero y de las devastaciones que puede provocar en el animo humano. Más laicamente los marxistas ortodoxos lo han condenado porque sería “el instrumento para apropiarse del trabajo de los demás”. Los psicoanalistas lo relacionan con el estiércol por el placer que se experimenta sea expulsándolo que reteniéndolo.

Pero si es estiércol es un estiércol muy especial, transcendente y metafísico: es, por citar otra vez a Lutero, el estiércol del demonio.